La plaza de toros de Castellar (Jaén) volvió a convertirse en escaparate del futuro de la tauromaquia con la celebración de la tercera selección del XXXVI Ciclo de Novilladas sin Picadores de Andalucía, un certamen que continúa descubriendo nuevos valores del escalafón. Más de tres cuartos de entrada registró el coso jiennense en una tarde de calor llevadero para presenciar un festejo en el que se lidiaron novillos de Apolinar Soriano, serios, bien presentados y algunos con hechuras de auténticos utreros, ofreciendo un interesante examen para los seis aspirantes.
Abrió la tarde Ignacio Sabater, de la Escuela Taurina de Utrera, dejando desde el inicio una grata impresión. Saludó con solvencia con el capote y fue construyendo una faena basada en la quietud y el buen concepto del toreo. Encontró su mejor versión sobre la mano derecha, por donde corrió la muleta con limpieza y ligazón, dejando derechazos de notable expresión. El novillo permitió el lucimiento y el utrerano supo aprovecharlo, aunque la espada volvió a convertirse en su peor enemigo. Tras dos avisos, el premio quedó en una ovación que supo a poco por lo realizado durante la lidia.
El segundo turno fue para Jaime Padilla, de la Escuela Taurina de Málaga, quien volvió a demostrar que posee valor y un concepto interesante. Su labor alternó momentos de buen nivel con otros algo más irregulares, siempre con una actitud firme y sin perder la cara al novillo. Intentó imponer su criterio a base de entrega y decisión, aunque la faena no terminó de romper. El fallo con los aceros cerró cualquier posibilidad de trofeo, recibiendo palmas tras escuchar un aviso.
El gran protagonista de la tarde fue Blas Márquez. El alumno de la Escuela Taurina de Linares volvió a confirmar las excelentes sensaciones que viene dejando durante la temporada. Ya con el capote dejó muestras de su personalidad, firmando lances de gran sabor y dos quites llenos de inspiración que despertaron los primeros olés de la tarde. Brindó después una faena de altos vuelos que comenzó de rodillas en los medios, conectando de inmediato con el tendido. A partir de ahí llegaron series de enorme calidad, especialmente al natural y con la mano derecha, siempre con temple, compás y un gusto impropio de un novillero sin caballos. Toreó con naturalidad, dejándose llegar los muletazos hasta el final y transmitiendo una torería que hizo pensar por momentos en empresas mayores. La petición de rabo tras una estocada efectiva reflejó la dimensión de una actuación premiada con las dos orejas y la salida a hombros.
Pablo Sánchez, representante de la Escuela Taurina de Almería, mostró durante toda su actuación una actitud encomiable. Afrontó la lidia con decisión, sin volver nunca la cara, y dejó momentos de buen trazo cuando consiguió templar las embestidas de su oponente. Su entrega fue constante, buscando siempre el triunfo y conectando con el público gracias a su disposición y entrega. Esa voluntad tuvo recompensa con la concesión de una oreja.
No tuvo una papeleta sencilla Mario Torres, de la Escuela Taurina de Ubrique. Se encontró con uno de los ejemplares más exigentes del encierro, un novillo que obligó al joven espada a sacar a relucir toda su determinación. Aunque por momentos se mostró algo precipitado, nunca dejó de intentarlo y se mantuvo firme delante de la cara del animal, demostrando un valor incuestionable y una actitud digna de reconocimiento frente a un oponente que nunca regaló una embestida.
Cerró el festejo Antonio Díaz “El Ñoño”, de la Escuela Taurina de Úbeda, quien protagonizó una de las notas más positivas de la tarde. El jovencísimo novillero evidenció una evolución muy notable respecto a actuaciones recientes. Delante de un novillo con volumen y no exento de dificultades, supo mantener la serenidad y construir una faena de menos a más, dejando muletazos de calidad con ambas manos y mostrando personalidad propia. La frescura de su concepto y su capacidad para resolver los problemas que planteó el astado terminaron por conquistar al público, que pidió y obtuvo las dos orejas para un torero que, pese a su juventud, continúa dando pasos muy firmes en su formación.
Con Blas Márquez y Antonio Díaz “El Ñoño” saliendo a hombros por la Puerta Grande, Castellar puso el broche a una tarde que volvió a demostrar el excelente momento de las Escuelas Taurinas de Andalucía. Una jornada de aprendizaje para unos, de confirmación para otros y, sobre todo, de esperanza para una afición que sigue encontrando en este ciclo el mejor escaparate del futuro de la Fiesta.
Ficha del Festejo:
Plaza de toros de Castellar (Jaén). Tercera selección del XXXVI Ciclo de Novilladas sin Picadores de Andalucía. Más de tres cuartos de entrada en tarde calurosa.
Novillos de Apolinar Soriano, bien presentados, con cuajo y algunos con hechuras de utreros.
Ignacio Sabater, palmas tras dos avisos.
Jaime Padilla, palmas tras un aviso.
Blas Márquez, dos orejas con fuerte petición de rabo.
Pablo Sánchez, una oreja.
Mario Torres, ovación.
Antonio Díaz “El Ñoño”, dos orejas.