Héctor Gutiérrez deja la mejor impresión en una deslucida final de la Copa Chenel

La desigualdad y escasa presencia de buena parte de los ejemplares restó seriedad al espectáculo antes incluso de que comenzara la lidia. Las protestas fueron inmediatas con el primero y volvieron a repetirse con el quinto, reflejando el descontento de una afición madrileña que esperaba un encierro de mayor entidad para una fecha tan señalada.

La Copa Chenel echó el cierre este jueves en la plaza de Las Ventas con una final que, sobre el papel, debía servir de escaparate para la tauromaquia emergente. Sin embargo, la cita quedó condicionada desde el mismo instante en que apareció el primero de la tarde. La pobre presentación del encierro de El Capea y Carmen Lorenzo provocó el enfado de los tendidos, especialmente al comprobar que varios toros lucían aún los crotales identificativos, una imagen impropia de una plaza de primera categoría y, más aún, de una final que aspira a consolidarse como uno de los certámenes de mayor prestigio del escalafón.

En el plano artístico, quien dejó la impresión más sólida fue el mexicano Héctor Gutiérrez, que además confirmó su alternativa en la primera plaza del mundo. Su primero, de escasas fuerzas y con dificultades para mantener la continuidad en la embestida, exigía paciencia y buen pulso. Tras un brindis a Curro Vázquez, el diestro planteó una faena inteligente, concediendo pausas al animal para permitirle recuperarse y buscando siempre el temple por encima de la ligazón. Cuando encontró el pitón izquierdo llegaron los momentos de mayor calidad, con naturales largos y bien dibujados que evidenciaron el concepto clásico del mexicano. La espada cayó en buen sitio y la fuerte petición de oreja no fue atendida por la presidencia, lo que provocó una sonora protesta del público mientras el torero daba una merecida vuelta al ruedo.

Mayor mérito tuvo todavía su actuación frente al quinto, un toro áspero, agresivo e incierto que nunca regaló una embestida franca. Gutiérrez decidió apostar, plantándose con firmeza delante de un adversario complicado al que logró someter por momentos gracias a su serenidad y capacidad para aguantar los bruscos derrotes. Fue una labor de entrega y valor, más basada en la actitud que en el lucimiento, que encontró el reconocimiento de los tendidos tras la estocada.

Alejandro Marcos no encontró opciones de triunfo con un lote incómodo y deslucido. El segundo, distraído y de embestida desigual, le permitió dejar algunos pasajes estimables especialmente sobre la mano izquierda, donde consiguió conducir la embestida con gusto antes de que los errores con la espada enfriaran cualquier posibilidad de premio.

Tampoco el cuarto ofreció facilidades. Su embestida descompuesta y sin ritmo impidió que el salmantino terminara de acoplarse, firmando una actuación voluntariosa pero sin eco en los tendidos.

También Manuel Diosleguarde se estrelló contra un lote de escasas opciones. El tercero apuntó mejores maneras en los primeros compases, pero pronto evidenció su falta de fondo y terminó apagándose conforme avanzaba la faena. El salmantino trató de apurar sus posibilidades acortando distancias en el tramo final, aunque sin lograr levantar el vuelo.

Con el sexto volvió a mostrarse dispuesto, llevándolo poco a poco hacia los medios, pero las continuas pérdidas de manos del animal y su escasa transmisión hicieron imposible conectar con el público.

La final de la Copa Chenel terminó dejando una sensación agridulce. Más allá del compromiso y la disposición de los tres finalistas, la corrida nunca alcanzó el nivel que requería una cita de esta importancia. La escasa presencia del ganado, las protestas por su presentación y la desafortunada imagen de los crotales visibles en varios ejemplares deslucieron un festejo que debía haber sido la gran celebración del certamen. En ese contexto, Héctor Gutiérrez fue quien mejor aprovechó sus oportunidades y quien abandonó Las Ventas con el mayor crédito ganado de cara al futuro.

Ficha del Festejo:

Plaza de toros de Las Ventas (Madrid). Final de la Copa Chenel. Casi media entrada.

Se lidiaron toros de El Capea (1.º, 2.º y 5.º) y Carmen Lorenzo (3.º, 4.º y 6.º), de desigual y, en conjunto, escasa presentación para una final celebrada en Las Ventas. Muy protestados el primero y el quinto, que además saltaron al ruedo luciendo los crotales. Corrida de juego desigual, con poca fuerza y escaso fondo en líneas generales.

Alejandro Marcos: silencio tras aviso y silencio.

Héctor Gutiérrez: vuelta al ruedo tras fuerte petición de oreja y bronca al palco, y ovación con saludos.

Manuel Diosleguarde: silencio y silencio.