La Federación Taurina Valenciana ha dado un paso sin precedentes en su historia al publicar un comunicado oficial en plena Feria de Fallas exigiendo medidas contra la presidenta del festejo del pasado 18 de marzo, Pilar Bojó, y su asesor José Luis Campillo. En veinticinco años de trayectoria, la entidad nunca había sentido la necesidad de pronunciarse públicamente a mitad de una feria, lo que da buena medida de la gravedad con la que valoran lo ocurrido.
El detonante fue la actuación presidencial durante el mano a mano entre Tomás Rufo y Borja Jiménez con toros de Domingo Hernández, en la que la presidenta se negó a conceder tres orejas al torero toledano pese a la petición de parte del tendido. La Federación considera que dicha decisión vulnera el espíritu del Reglamento Taurino español, concretamente su artículo 82, que establece que la primera oreja debe ser concedida tras petición mayoritaria del público.
En su comunicado, la entidad valenciana no se limita a criticar lo ocurrido ese día, sino que apunta a un problema estructural de la plaza: la falta histórica de unificación de criterios en el palco presidencial, que a su juicio ha puesto en entredicho en repetidas ocasiones la categoría del coso valenciano en decisiones tan diversas como el reconocimiento de reses, los cambios de tercio, las devoluciones a corrales o la concesión de trofeos.
Las exigencias de la Federación son concretas: que el incumplimiento no quede impune, que se adopten medidas contra los responsables, que se unifiquen con urgencia los criterios presidenciales y que se actúe con rigor en todos los ámbitos del espectáculo taurino, incluyendo empresarios, ganaderos y toreros.
El comunicado concluye con una advertencia clara: «La afición valenciana dice basta. Ya es suficiente el desprestigio al que se está sometiendo a la tauromaquia en Valencia.»
Una declaración histórica que, sin embargo, no está exenta de matices. La petición de orejas en la tarde del 18 de marzo distó de ser mayoritaria o unánime, con apenas unos pañuelos alzados en el tendido, y Rufo llegó a recibir y despreciar una oreja concedida por la propia presidenta, arrojándola al suelo antes de dar cinco vueltas al ruedo. Un contexto que, inevitablemente, añade complejidad al debate y obliga a valorar con prudencia hasta qué punto el reglamento fue vulnerado o simplemente interpretado de forma distinta.