El mediodía de San Isidro no solo se vivió en el ruedo, sino también en las entrañas de la Monumental de Las Ventas. La sala Antonio Bienvenida se quedó pequeña para acoger el homenaje a Curro Vázquez, una de las figuras más respetadas de la tauromaquia, en un acto que sirvió como broche de oro a su trayectoria y, especialmente, a su inolvidable actuación en el festival homenaje a Antoñete el pasado 12 de octubre.
El evento, moderado por el periodista Gonzalo Bienvenida, congregó a una nutrida representación del sector: desde ganaderos como Victorino Martín hasta figuras del toreo como Vicente Ruiz «El Soro», Pepín Liria y Javier Cortés.
Durante el coloquio, Curro Vázquez reflexionó sobre su idilio y sus batallas con el coso madrileño. “En Madrid he vivido todas las consecuencias de una corrida”, afirmó con sinceridad, recordando la dureza de los despachos y la arena. Su hermano, Antonio Vázquez, subrayó esa presión al recordar una anécdota con la casa Chopera: “Dile a tu hermano que si no sale bien, no volverá a torear en Madrid”. Ante tales ultimátums, el maestro admitió que «no era fácil decir que no» incluso cuando no se estaba al cien por cien.

El lado más personal llegó de la mano de su amigo Tomás, quien destacó su integridad como valor fundamental en la crianza de sus familias, y del cineasta Agustín Díaz Yanes. El director reveló una faceta curiosa: “Me vinieron 20 o 30 directores preguntándome el contacto de Curro porque era muy buen actor”, bromeó sobre la naturalidad y presencia del torero.
El acto contó con la presencia del consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior de la Comunidad de Madrid, Carlos Novillo, y el responsable del Centro de Asuntos Taurinos (CAT), Miguel Martín. Ambos hicieron entrega a Vázquez de un obsequio muy especial: la cabeza del novillo de Garcigrande que el maestro cuajó el pasado octubre en Madrid.

Novillo clausuró el encuentro con un mensaje de unidad y orgullo:
“El mundo del toro es una familia. Gracias, Curro, por emocionarnos. Tenemos que quitarnos los complejos y estar orgullosos de lo que somos”.
El homenaje finalizó con el descubrimiento de una placa conmemorativa, inmortalizando así el nombre de Curro Vázquez en las paredes de la que siempre será su casa.
