Era sabido por todos y ya corría por los mentideros taurinos que al cigarrero no le quedaría mucho tiempo en los ruedos, debido en especial a sus convalecencias… Nadie sabía cuándo ni cómo en específico, pero también es cierto que había grandes posibilidades de que fuera el pasado 12 de octubre tras su gran apuesta, como así fue, siendo una retirada repentina a la vez que sonada, marcando así un antes y un después en el historial taurino. Tras torear el festival matinal y cortar dos orejas en la Corrida de la Hispanidad en el coso venteño se fue al centro del ruedo y ahí ante la incredulidad del público se quitó la coleta, opacando así la tan meritoria retirada Fernando Robleño. En ese momento se vieron reacciones tan dispares pero compartiendo un único sentimiento, la orfandad, las lágrimas, el enfurecimiento y el asombro se convirtieron en protagonistas en el tendido, que con el paso de los días y el silencio del sevillano se iba haciendo cada vez más sobrecogedor el momento vivido en la plaza. Se retiraba así, dando un golpe al aficionado y al empresario…
En una sociedad en la que todo se mueve por redes sociales y lo instantáneo, en especial entre los más jóvenes, Morante ha marcado un hito histórico, siendo el personaje más influyente entre los jóvenes, falto de redes sociales y careciendo de una relación cercana con los micrófonos, chocando así con el estilo de vida reinante entre los más prematuros. Su único altavoz, prácticamente, es lo que deja ver en el albero y en sus escasas apariciones en público, llenándolas de sabor añejo.
Tras este hito en el toreo, iba avanzando el silencio y las noticias de Morante iban siendo cada vez más escasas y los empresarios temían la ausencia del maestro en la temporada 2026, hasta que llegó José María Gargón, nuevo empresario de la Maestranza, anunciando que el sevillano volvería a liarse el capote de paseo, ilusionando de nuevo a muchos aficionados y esperanzando al resto de empresarios. Tras lo anunciado por Garzón, comenzaron a surgir muy diversas opiniones ante esta ‘‘reaparición’’, variando entre el desacuerdo de muchos y otros que veían acertada su vuelta a los ruedos.
El desagrado primó mayormente, entre los aficionados de la zona centro debido al sentimiento de ‘‘estafa/engaño’’ que primaba entre ellos, a la vez que se ponía el grito en el cielo, reinaba en el interior de la afición del centro un sentimiento de alivio compartido con el público del sur, alivio porque resurgía una figura que llenaba de maestría y un sabor añejo las tardes y que tan solo con las letras que componen su nombre en un cartel ya lo adornaba y lo dotaba de incentivos.
Tras este invierno silencioso y estresante para los empresarios del sector, hemos ido conociendo múltiples fechas en las que el cigarrero hará el paseíllo, sentenciando con rotundidad que Morante actuó así fruto de un impulso nacido desde el interior de su alma que no buscaba más, que la paz interior y la estabilidad que tanto debe de extrañar el sevillano, pero a su vez ha debido de despertar en él, que la mejor terapia que puede recibir es ponerse al hilo del pitón del toro, firmando que es un artista y que muy lejos de llegar a comprender su persona, solo podemos disfrutar cada vez que trence el paseíllo y en cada ocasión que pare los relojes de la plaza al dibujar una verónica…