Talavante y Luque tocan pelo ante un desigual encierro de Núñez del Cuvillo en la Maestranza

En la Real Maestranza de Sevilla, se han lidiado toros de Núñez del Cuvillo, hierro históricamente vinculado a toreros como José Tomás o Morante de la Puebla. Con el cambio de seda por percal y el regreso del sol tras un periodo de cielo encapotado, se abría un festejo que terminó ofreciendo momentos de interés, especialmente en manos de Alejandro Talavante y Daniel Luque.



Abrió plaza Currito, colorado y herrado con el guarismo del dos, con 522 kilos, correspondiente a José María Manzanares, vestido de nazareno y oro. El alicantino condujo las primeras embestidas del toro hacia los medios lidiando no solo con el animal, sino también con un viento muy cambiante. Por el pitón derecho el toro acudía más remetido, mientras que por el izquierdo tendía a soltarse, aunque Manzanares logró corregirlo con oficio.

En varas, Paco María dejó dos encuentros más cercanos al picotazo que al castigo efectivo, cayendo ambos traseros y provocando que el toro saliera suelto tras sentir la puya. Alejandro Talavante firmó posteriormente un quite por chicuelinas de buen ajuste.

En banderillas destacó José Trujillo, más brillante en la ejecución que en la reunión, siendo ovacionado. Ya con la muleta, Manzanares planteó una faena basada en templar las embestidas y dominar tanto al toro como al viento, con ese concepto clásico heredado de su casa: parar, templar y mandar. Una serie de derechazos en redondo resultó lo más destacado de la obra, siempre dejando al toro colocado para el siguiente muletazo. Insistió por el pitón derecho hasta que el animal terminó rajándose tras sentir la exigencia. Mató de estocada algo trasera pero efectiva ante un toro manso aunque noble, siendo ovacionado.

El segundo de la tarde, Hurraco, también colorado y con 525 kilos, correspondió a Alejandro Talavante, vestido de sangre de toro y oro. Fue un toro bajo, largo de cuello y muy en el tipo de la casa, aunque salió distraído de inicio.

Miguel Ángel Muñoz lo recibió en varas en la contraquerencia, donde el toro se enceló en el peto sin salir huyendo como el primero. El segundo encuentro resultó incómodo y protestado desde los tendidos. Daniel Luque protagonizó un quite por chicuelinas de gran limpieza en los medios.

En la muleta, Talavante comenzó con seguridad y asentamiento, mostrando mejor disposición que en su anterior comparecencia en el actual abono maestrante. Un pase de pecho poderoso, ignorando el viento, levantó al público. Bajando la mano encontró la clave de la embestida, alternando pitones con suavidad y temple. Destacó especialmente una tanda de naturales rematada con un pase de pecho interminable. El extremeño dejó siempre la muleta en la cara del toro, toreando muy despacio, lo que incrementó la emoción en los tendidos.

Cerró con luquesinas como guiño al compañero de cartel antes de perfilarse a suerte natural para dejar una gran estocada en lo alto, ejecutada con verdad. El toro cayó con la misma lentitud con la que había sido toreado. Cortó una oreja de peso.

El tercero, Idílico, colorado de capa y con 543 kilos, evocaba en su nombre al toro indultado por José Tomás en Barcelona en 2008. Correspondió su lidia a Daniel Luque, vestido de azul cielo y oro.

No se empleó en el capote, aunque en varas empujó con más entrega que sus hermanos pese a acusar cierta falta de fuerzas. Javier García dejó un primer puyazo trasero y un segundo más medido. El toro perdió las manos posteriormente y escarbó con frecuencia cuando quedaba suelto.

Antonio Manuel Punta dirigió la lidia en banderillas, destacando el esfuerzo de Juan Contreras en un par comprometido ante un toro que esperaba mucho. Brindó Luque la muerte a Morante de la Puebla deseándole pronta recuperación tras el percance sufrido el día anterior.

Inició la faena con pases de tanteo muy templados, aunque pronto se evidenció la escasa vida del toro. Luque administró tiempos y alturas con inteligencia, intentando sostener una embestida que siempre fue a menos. Aun así, extrajo muletazos de mérito, cerrando con un natural de enorme estoicismo y un pase de pecho de cabo a rabo que puso en pie al público. Remató con manoletinas antes de dejar una estocada contraria algo atravesada pero efectiva. La petición fue mayoritaria y el presidente concedió la oreja.

El cuarto, Tristón, castaño y segundo del lote de Manzanares, salió muy incómodo desde el principio, echando las manos por delante y dificultando el lucimiento con el capote hasta el punto de ordenarse su pronta entrada al caballo. Juan Carlos Sánchez dejó un puyazo en el pico de la paletilla tras un largo empuje lateral del toro.

El tercio de banderillas contó con buenas intervenciones de Diego Vicente. Ya con la muleta, Manzanares se encontró con un toro muy condicionado por el viento y falto de entrega hacia delante. Aun así, logró momentos estimables especialmente por el pitón derecho cuando consiguió pulsear la embestida. Mató de estocada ligeramente desprendida pero eficaz.

El quinto, Cacareo, negro listón y con 559 kilos, fue recibido por Talavante con faroles muy ajustados. Manuel Cid ejecutó dos puyazos traseros, acusando el toro menor entrega en el segundo. Daniel Luque volvió a lucirse en el quite por delantales rematados con media.

Sin brindar, Talavante inició la faena de rodillas en los medios con un planteamiento muy firme. Supo dosificar las pausas, fundamentales para mantener la embestida de un toro que tendía a irse largo. La mano izquierda volvió a ser la clave de la faena. Sin embargo, el tiempo empleado en la cara del toro provocó el aviso antes de entrar a matar. Pinchó en suerte natural y posteriormente dejó una estocada en dos tiempos algo suelta pero suficiente.

Cerró plaza el sexto, un toro de escaso fondo y comportamiento genioso que apenas ofreció opciones a Daniel Luque. Aunque se movió en los engaños, lo hizo sin clase, mirando por encima del palillo y desarrollando violencia al sentirse podido. El sevillano intentó aplicar recursos técnicos y cercanías en un arrimón final cargado de entrega, pero el animal carecía de alma para sostener la faena.

Mató de estocada efectiva tras una labor de mérito ante un enemigo sin opciones. Luque volverá a comparecer el próximo viernes en este mismo ciclo maestrante.

Así concluyó una tarde condicionada nuevamente por el viento en la que destacó el poso de Talavante con la mano izquierda y la firmeza técnica de Luque frente a un encierro de Núñez del Cuvillo de comportamiento desigual y fondo medido.

Ficha del festejo

Corrida de toros en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 11ª de abono

Toros de Núñez del Cuvillo.

Entrada: Lleno.

• José María Manzanares: ovación y silencio.

• Alejandro Talavante: oreja y silencio tras aviso.

• Daniel Luque: oreja y silencio.