Antonio Ferrera fue el primero de la tarde en recibir a los toros de Adolfo Martín. Con 596 kilos salió el primer toro. Ferrera le instrumentó unas verónicas de tanteo y el animal dejó entrever continuidad. Desde que pisó el ruedo remató con fuerza en los burladeros, llegando incluso a levantar uno de ellos. Se empleó en el caballo, aunque los puyazos cayeron delanteros. En banderillas, el primer par no llegó hasta el tercer intento. Miguelín Murillo logró finalmente reunirlo y, más adelante, clavó el tercero a la primera.
Ya en la muleta, el toro se cruzó en varias ocasiones. Desde el inicio había visto el bulto y no terminó de entregarse. Tras una tanda en redondo de Ferrera volvió a derrotar, arrebatándole la muleta. En líneas generales hubo más toro que torero. El mallorquín no terminó de entenderlo y decidió abreviar. En suerte natural se arrancó el animal y Ferrera pinchó. Finalmente, al cuarto intento, dejó una estocada semientera que resultó efectiva.
El siguiente turno fue para Manuel Escribano, que recibió a portagayola a Mentiroso, de 503 kilos. El toro salió suelto, pero el sevillano lo aguantó con firmeza. En varas, el primer puyazo cayó algo desplazado, mientras que el segundo fue aplaudido por los tendidos. En banderillas, Escribano acaparó el protagonismo. En el primer par casi pierde pie y no logró colocarlas. El segundo fue mejor y en la misma suerte. El tercero lo ejecutó sentado en el estribo, encerrándose en tablas; espectacular en la forma, aunque menos lucido en el resultado. Cerró el tercio con un cuarto par desde los medios que fue premiado con una ovación.
La actuación del sevillano fue de más a menos. Con la muleta nunca encontró continuidad ni conexión con el público. Se enfrentó a un toro rajado que cada vez recortaba más terreno. Mató de una estocada enterrada, sonándole el primer aviso. Tuvo que recurrir al verduguillo y acertó al primer intento.
Saltó después Peluquero, tercero de la tarde, con 515 kilos. Un ejemplar que pasó sin rematar en los burladeros. Paco Ureña asumió su lidia y muerte. En el capote destacó por la forma de llevar los vuelos durante las verónicas. El tercio de varas dejó poco que reseñar: un primer puyazo trasero que fue rectificado y un segundo todavía más alejado de lo deseable.
Las banderillas se colocaron de una en una, firmándose el tercio más discreto de la tarde. Con la muleta apenas había emoción hasta que llegó el percance. El toro prendió a Ureña y le propinó varias volteretas. Ya en el suelo, siguió buscando al murciano. A pesar del castigo, continuó la faena. Tras un nuevo susto logró dejar una estocada casi entera que derrumbó al animal. Después llegó el camino hacia la enfermería.
Mentiroso, de 512 kilos, fue el cuarto de la tarde. Ferrera comenzó con un recibo vibrante de capote. El tercio de banderillas resultó extraordinario, el mejor del festejo hasta ese momento. Con la muleta, el maestro inició su labor con una tanda templada que despertó los olés de los aficionados. Las series en redondo marcaron una faena de gran nivel. Ferrera toreó con clasicismo, pureza y verdad. Sin artificios ni gestos innecesarios construyó una obra importante. Entró a matar desde lejos, al encuentro. El toro cayó rodado y el premio fue una oreja de mucho peso.
Volvió Manuel Escribano a recibir a portagayola al quinto, Malagueño. El animal salió algo despistado. El sevillano lo saludó con un buen recibo capotero enlazado con verónicas, aunque el toro terminó arrebatándole el percal. Muy distraído durante toda la lidia, le costó acudir al caballo.
Una vez más, Escribano tomó los palos. Dejó varios pares de mérito, destacando especialmente el último, ejecutado al violín. Tras brindar al público, inició una faena larga y voluntariosa, aunque falta de transmisión. Como en su primero, fue perdiendo intensidad con el paso de los minutos. Sonó el primer aviso antes de entrar a matar. Dejó un pinchazo en su contraria y, al cambiar la suerte, una estocada semicompleta. Necesitó dos golpes de descabello para poner fin a la labor.
El broche final lo puso Antonio Ferrera, que asumió la lidia del último debido a la ausencia de Paco Ureña, atendido en la enfermería. El mallorquín comenzó de forma muy variada, combinando chicuelinas, verónicas y delantales. Después llegó uno de los momentos más singulares de la tarde. Ferrera decidió subirse al caballo de picar y ejecutar él mismo la suerte. El primer puyazo fue impecable. En la segunda entrada rehusó castigar al toro al no verlo colocado. A la tercera dejó un segundo puyazo extraordinario.
Nada más bajarse del caballo realizó un quite variado, rematado con una lopecina. Sin embargo, el presidente no cambió el tercio y el toro volvió a entrar al caballo. La situación generó protestas en los tendidos y un visible enfado de Ferrera.
Tras brindar a la enfermería, Ferrera desarrolló una faena para el disfrute de la plaza. Los tendidos rugieron con un Ferrera muy firme, quieto y entregado. Entró a matar al encuentro, de tablas a medios. Hundió la espada, aunque esta terminó saliendo. Sonó el primer aviso y tuvo que echar mano del descabello, acertando a la primera. El premio final fue una oreja.
Ficha 31 de mayo de 2026 Las Ventas:
Antonio Ferrera: silencio, 1 oreja y 1 oreja tras el primer aviso en el toro que mató por Paco Ureña.
Manuel Escribano: silencio tras aviso y silencio tras aviso.
Paco Ureña: aplausos y herido.