Álvaro Lorenzo encuentra el triunfo ante una deslucida corrida de Zalduendo.

Las ganas que tenía el público se estrellaron contra el mal juego de los toros de Zalduendo, un pozo manso que dejó inéditas a las figuras y del que solo pudo rescatar el triunfo las ganas y el buen momento de Álvaro Lorenzo.

La expectación por ver a Morante desbordó las costuras de la plaza de Toledo en esta tarde de domingo. Tanto, que cuando se abrió el portón de los sustos para el primer toro, las bocas de los tendidos seguían colapsadas por aficionados que aún peleaban por llegar a su localidad. Ese caos para sentarse fue el resumen perfecto de una corrida muy espesa.

El abre plaza de este domingo saltó al ruedo mientras gran parte del público seguía más pendiente del jaleo en las escaleras que del albero. El ruido de la gente, que todavía peleaba por llegar a sus asientos, apagó los primeros compases de la faena. Sin embargo, pronto quedó claro que no había mucho que ver. El astado de Zalduendo era un auténtico inválido, sin una gota de fuerza, que siempre iba con la cara por arriba. Al coger la muleta, Morante de la Puebla ni se lo pensó. Se limitó a pasarlo por ambos pitones para enseñarle claramente al público que el animal no se tenía en pie. Viendo que allí no había emoción posible, decidió no alargar el trámite: se fue a por la espada y lo despachó rápido.

El segundo turno fue para José María Manzanares, que se encontró con otro astado de Zalduendo marcado por la misma falta de fuerzas. Sin embargo, el alicantino quiso justificarse e hizo un gran esfuerzo por mantener al animal en pie sobre el albero. Viendo que el toro no aguantaba la exigencia, Manzanares tiró de oficio y planteó toda la faena a media altura. Llevándolo con mucho mimo y sin obligarlo por abajo, consiguió armar varias tandas meritorias que lograron conectar por momentos con los tendidos. Todo apuntaba a que pasearía el primer trofeo de la tarde, pero decidió ejecutar la suerte suprema recibiendo y pinchó. Ese fallo con la espada esfumó que el diestro de Alicante tocara pelo.

La tarde despertó por fin en el tercer turno. Lorenzo cuajó de principio a fin a un toro con buena condición, saludándolo con mucha suavidad a la verónica y levantando los tendidos con un quite por rogerinas. Tras un emotivo brindis a Morante en el tercio, basó su éxito en la firmeza. Ante un animal repetidor, se ancló en la arena para ligar series muy templadas por los dos pitones. Para abrochar su triunfo, acortó distancias pisando los terrenos de cercanías y cobró una gran estocada arriba que le valió para poner a todo el público de acuerdo y desorejar al astado de Zalduendo.

La gran expectación esperaba al cuarto toro para volver a ver a Morante, y el sevillano respondió de salida. Recibió al cuarto con dos vibrantes faroles de pie, encadenando unas chicuelinas al paso muy toreras. La exhibición capotera continuó en un quite donde dibujó esa verónica cadenciosa y artística marca de la casa. La faena de muleta arrancó prometedora, pasándolo por alto pegado a las tablas, pero el astado se dañó la mano izquierda y se vino completamente abajo. Morante lo intentó por todos los medios, pero el animal era incapaz de embestir. En un ejercicio de honestidad taurina, el sevillano decidió no alargar la agonía del toro, abrevió la obra y lo despachó de una estocada.

El quinto ejemplar de Zalduendo ofreció mejores prestaciones. Manzanares lo aprovechó desde el inicio, firmando un buen recibo capotero. Ya con la franela, el alicantino leyó rápido al astado y cimentó su obra sobre el pitón derecho, el lado más potable del animal. Por ahí brotó lo mejor de su repertorio, dejando dos series en redondo muy limpias y de trazo elegante que conectaron con los tendidos. Pero los aceros volvieron a jugarle una mala pasada y todo quedó silenciado tras un pinchazo y varios descabellos.

Cerrando plaza, el toledano volvió a dejar patente su gran momento desde el saludo capotero, echando los vuelos con enorme suavidad a la verónica. Lejos de conformarse con ese buen recibo, elevó el tono con un vibrante quite por chicuelinas de mano baja, abrochado con un desplante rebosante de torería. Tras el cambio de tercio, inició la faena de muleta con máxima quietud en los medios, pasándose al astado por estatuarios. Frente a un animal con clase y recorrido, Lorenzo demostró tener las ideas muy claras: lo exprimió a fondo por el pitón derecho, llevándolo largo y cuidando a la perfección las alturas. El delirio estalló en los tendidos gracias a una rotunda serie final rodillas en tierra, preludio de un ceñidísimo cierre por bernadinas. Aunque la estocada cayó en buen sitio, los fallos con el verduguillo le dejaron sin el merecido premio final.

Ficha del Festejo:

Domingo, 7 de junio. Plaza de toros de Toledo. Tradicional Corrida del Corpus. Lleno de ‘No hay Billetes’. Toros de Zalduendo.


Morante de la Puebla, de nazareno y azabache: Silencio y ovación

José María Manzanares, de sangre de toro y oro: Ovación y silencio tras dos avisos

Álvaro Lorenzo, de verde agua y oro: Dos orejas y ovación tras aviso