El torero cordobés «Lagartijo» atraviesa uno de los momentos más difíciles de su carrera. Tras varios triunfos en la plaza de toros de Córdoba, donde ha logrado abrir la puerta grande en varias ocasiones, el diestro ha decidió iniciar una huelga de hambre como forma de protesta al haber sido rechazado por parte de la empresa en los carteles. En esta entrevista, «Lagartijo» explica los motivos de su decisión, reflexiona sobre su trayectoria y habla de su deseo de volver a torear en su tierra.
P: ¿Qué te llevó a tomar la decisión tan extrema de iniciar una huelga de hambre?
R: No fue una decisión impulsiva, fue una decisión de dignidad. Yo vengo de una familia muy ligada al toreo, de la tradición de toreros como Manolete o Lagartijo, donde siempre me enseñaron que el respeto es fundamental. A mí se me habló en un tono chulesco y prepotente, diciéndome: “Ve y pregúntale a tu tierra, que allí no te quiere nadie, y además las figuras del toreo no quieren torear contigo.” Ante algo así, uno tiene que defender su dignidad. Y además hice exactamente lo que se me dijo: ir a preguntarle a mi tierra. Solo que en vez de ponerme en la puerta de El Corte Inglés, me puse en la puerta de la plaza de ´Los Califas´, delante de mi gente, para que fuera la afición la que hablara. También se me dijo que yo no había toreado nada. Yo expliqué que en los últimos tres años había toreado entre 40 y 50 corridas en Perú en tres temporadas. Y la respuesta que recibí fue que Perú no sirve para nada. Bueno… yo creo que la afición, tanto aquí como en Perú, merece bastante más respeto que eso.
P: Durante esos días frente a la plaza, ¿qué ha sido lo más duro física y emocionalmente?
R: Físicamente el cuerpo lo nota, claro, porque una huelga de hambre no es ninguna broma. Pero lo más duro no fue el hambre, fue la sensación de tener que llegar a algo así para que se escuche a un torero que ha dado la cara tantas veces en esa plaza. Lo bonito, dentro de todo, ha sido ver cómo la afición se ha acercado, cómo la gente me ha mostrado su apoyo y cómo muchos aficionados me decían que recordaban perfectamente esas tardes en Córdoba.
¿Qué mensaje le gustaría enviar al empresario que gestiona la plaza?
Más que un mensaje, le haría una reflexión. En la vida todo da muchas vueltas: hoy uno puede estar arriba y mañana puede estar abajo. Por eso creo que cuando uno tiene una posición de poder lo primero que tiene que tener es respeto hacia los demás. Abusar de ese poder, y además hacerlo con faltas de respeto, creo que no es el camino. Si no me quieren poner, que no me pongan. Yo no estoy pidiendo favores ni estoy mendigando nada. Pero mi dignidad como torero y como persona la voy a defender siempre, hasta las últimas consecuencias.
¿Cree que su ausencia en los carteles responde a razones taurinas o a decisiones empresariales?
Sinceramente, si fuera por razones taurinas lo entendería, porque el toreo es así y aquí uno habla delante del toro. Pero cuando uno mira los resultados que he tenido en Córdoba, pues cuesta pensar que sea una cuestión estrictamente taurina. Al final, en el toreo muchas decisiones se toman en los despachos, pero luego quien tiene la última palabra siempre es la afición.
¿Ha habido algún intento de diálogo real durante estos días?
Yo he estado delante de la plaza, a la vista de todo el mundo, esperando que hubiera un diálogo real. El diálogo empieza siempre por el respeto y por la voluntad de escuchar. Cuando uno quiere hablar de verdad, siempre encuentra la forma de hacerlo.
Has triunfado varias veces en Córdoba, ¿cómo explicas que aún así no cuentes con más oportunidades?
Esa es una pregunta que quizá habría que hacerle a quienes hacen los carteles. Yo lo único que sé es que en mis últimas cinco actuaciones en Córdoba he salido cuatro veces a hombros y la última fue el día de mi alternativa, donde también salí a hombros junto a Roca Rey. Yo no estoy pidiendo ningún favor. En el toreo las oportunidades se ganan delante del toro, y creo que yo las he ganado.
¿Qué significa para ti torear en tu propia tierra?
Para mí, torear en mi propia tierra es algo muy especial. Córdoba es mi tierra, es donde he crecido y donde están los aficionados que me han visto empezar desde niño. Además, es una tierra con una historia taurina enorme, cuna de grandes toreros, y vestirse de luces allí tiene un significado muy emocional. Si uno no torea en su tierra, ¿Dónde va a torear? Yo muevo gente en mi tierra, arrastro a mucha gente y además se ha hecho notar. Torear aquí es sentir la responsabilidad, la ilusión y la conexión con el público como en ningún otro lugar.
¿Cómo te has sentido con el apoyo de aficionados y compañeros de profesión?
Me he sentido muy agradecido y emocionado. Es bonito ver cómo la gente, el público, se ha preocupado por mí y me ha mostrado su apoyo. El público es el que llena las plazas, y muchos de ellos, que a veces ni siquiera habían ido a los toros, me han manifestado que ahora van a ir a verme. Y eso es muy importante, porque así es como del público se pasa a la afición. A nivel profesional, desde primera hora he tenido el apoyo de muchas figuras del toreo. De quienes han estado muy pendientes de mí, Roca Rey ha sido un apoyo incondicional; también Sebastián Castella, con quien ahora he tenido la gran suerte de compartir varios días de campo y entrenamiento, y eso es un placer; y luego Diego Ventura y muchísimos otros toreros, todo el sector, se han preocupado por mí y me han mostrado su respaldo. Ahora, por ejemplo, estoy en Salamanca preparándome, y los ganaderos de una forma u otra me atienden y me abren las puertas de su casa. Eso me da fuerzas, me motiva y me recuerda que el toreo sigue teniendo memoria y cariño por quienes lo vivimos de verdad.
Entrando un poco más en lo personal, ¿cómo ha vivido tu familia estos días tan duros?
Mi familia siempre lo pasa peor que uno mismo. Ellos lo han sentido de manera intensa porque una huelga de hambre no es fácil de ver desde fuera, y saben que son días muy complicados. Pero también saben cómo soy y saben que cuando tomo una decisión así, lo hago defendiendo algo que considero justo. Ellos han estado pendientes de mí, apoyándome y dándome fuerza, y eso me ha dado tranquilidad para mantenerme firme en lo que he creído necesario.
Si finalmente no te dan la oportunidad en la Feria de Córdoba, ¿qué harás?
Hombre, espero torear en mi tierra, por supuesto, pero si no es así, estoy seguro de que todo este revuelo va a servir para que se respete más a mi tierra y para que esta feria haya más de un torero cordobés, como así va a ser. Estamos en manos de Dios, y los tiempos de Dios son perfectos. Si Dios no quiere que esté en esta feria, no lo va a decidir Garzón, lo va a decidir Dios, y sé que Dios tendrá un futuro mejor preparado para mí. Si finalmente no sale nada en España, que se está moviendo bastante, siempre tengo Perú, que me estará recibiendo con los brazos abiertos y con ganas de que vuelva a un país que, sin tener nada, me lo ha dado todo y me ha hecho crecer como torero y como persona. Yo seguiré trabajando y preparándome, porque el toreo tiene muchas plazas y muchos caminos. Pero también sé que cuando un torero ha demostrado lo que ha demostrado delante de su gente, tarde o temprano esa puerta vuelve a abrirse. Yo no estoy pidiendo favores, estoy defendiendo lo que me he ganado.
Tras la conversación, Lagartijo se muestra sereno pero firme en sus convicciones. Su protesta ha abierto el debate sobre las oportunidades en el mundo del toro y sobre el peso de las decisiones empresariales en los carteles. Mientras espera una respuesta, el torero mantiene intacta su ilusión por volver a vestirse de luces y demostrar, una vez más, su compromiso con la afición de su tierra.