Madrid amaneció con el aroma de las grandes tardes, ese coso de la calle Alcalá rozando el «no hay billetes» para ver el hierro de El Parralejo. Sin embargo, el cambio de última hora por la ganadería de El Vellosino fue un jarro de agua fría que caldeó los ánimos de los aficionados, donde las pancartas de «Presidente, Madrid se respeta» se alzaron en el Tendido 7 y dictaron la sentencia antes del primer olé. Fue una tarde de decepción ganadera, marcada por la falta de fuerzas, la ausencia de casta y el desinterés de unos animales que vaciaron de contenido el esfuerzo de la terna.
No fue el lote para el regreso triunfal del francés. Su primero, «Colombino», fue un animal mocho y falto de remate que ya desde el capote avisó de su invalidez. Castella lo intentó cuidar, dándole tiempos en el tercio, pero la ausencia de transmisión convirtió la faena en un trámite imposible. Tras una media trasera, el silencio fue el único eco.
Con el cuarto, «Tiestero», un colorado con más caja pero poco fondo, Castella firmó un inicio esperanzador sentado en el estribo. Intentó darle distancias en los medios para aprovechar la inercia, pero el de El Vellosino se apagó pronto. Por el izquierdo el toro se puso áspero y protestón, y el diestro optó por un toreo periférico que no caló. Tras dos avisos y un pinchazo, volvió a reinar el silencio.
Luque fue, sin duda, quien más cerca estuvo de romper la tónica de la tarde. En su primero, un toro desigual pero con nobleza, el de Gerena tiró de magisterio para inventar muletazos donde no había motor. Lo puso todo él, limando asperezas con suavidad y logrando derechazos de mucho mérito que la plaza agradeció con saludos.
El quinto, «Español III», fue el único que trajo algo de trapío al ruedo. Pese a estar descoordinado de manos, Luque le brindó al público y se fue a los terrenos del 5. Allí, en un ejercicio de entrega y cruzándose al pitón contrario, le robó naturales de mérito a un astado descastado que terminó rajado. Luque optó por el arrimón final para justificar la tarde y, tras un aviso, recibió una merecida ovación.
El onubense, David de Miranda, se encontró con el peor escenario: dos toros que se negaron a la pelea. A su primero, «Alcarabán», logró sacarle las verónicas más templadas de la tarde, pero el animal se rajó en cuanto sintió la exigencia de los estatuarios iniciales. Sin fondo ni casta, De Miranda solo pudo abreviar tras una estocada baja.
Cerró la tarde con «Jaleante», un manso de libro que salió suelto y desentendido de la lidia. Miranda toreó a media altura, intentando no obligar a un animal que protestaba cada pase con violentos cabezazos. Sin posibilidad de lucimiento y perfilero ante la falta de recorrido del toro, el de Trigueros se marchó entre el silencio de una plaza que ya solo pensaba en la salida.
Ficha del festejo
Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid). Sexta de abono San Isidro.
Toros de El Vellosino -sustituyendo a El Parralejo- de presentación desigual, nulo juego y descastados.
- Sebastián Castella, silencio, silencio
- Daniel Luque, saludos con aviso, saludos.
- David de Miranda, silencio, silencio