Abrió plaza el primero de la tarde, número 72, con 503 kilos, primero del lote de Ginés Marín, de verde lima y plata. De nombre Tomillero, de capa cárdena coletera, nacido en noviembre de 2021.
Ginés Marín lo recibió con un ramillete de verónicas con las que lo llevó hasta los medios, para después conducirlo al caballo. En el peto el toro mostró falta de entrega, aunque mantuvo buen ritmo en la embestida. Bastó un puyazo para cumplir el trámite. Posteriormente, Ginés ejecutó un quite por tafalleras muy acompasado, girando el pecho con temple, aunque el toro acudía con la cara algo alta.
En el tercio de banderillas, destacó Fernando Pérez, que dejó los palos arriba y con limpieza, facilitado también por el buen comportamiento del animal en este momento de la lidia.
Ya con la muleta, torero jerezano de cuna brindó el toro al público y comenzó la faena sentado en el estribo, un inicio muy del gusto clásico, propio de Ignacio Sánchez Mejías. Con gran suavidad y una especie de diplomacia vaticana, el torero fue administrando las embestidas de un toro que, aunque obediente, carecía de transmisión a los tendidos por su falta de fuerza.
Ginés estuvo impecable de principio a fin, cuidando mucho los tiempos y las pausas entre muletazo y muletazo, destacando especialmente con la mano izquierda. El toreo al natural consiguió arrancar algunos ecos en los tendidos cuando el torero decidió apretar un poco más el pulso, logrando así mayor intensidad en los muletazos sin perder la sutileza. Sin embargo, el comportamiento de Tomillero no cambió en ningún momento, manteniéndose siempre en una línea de sosería y falta de viveza.
A la hora de la suerte suprema, Ginés se perfiló en suerte contraria, dejando un espadazo que pinchó en lo alto y quedó agarrado. Pero, tuvo que recurrir al descabello, que ya sí, resultó efectivo.
Chaparrito, de capa cárdena, herrado del guarismo del 1 y con 493 kilos, correspondió la lidia al matador Aarón Palacio, de azul rey y oro. Un toro mejor hecho, más bajo pero serio por delante, muy en el tipo Santa Coloma. Desde el inicio mostró más viveza, humillando y entregándose.
Aarón lo llevó hasta los medios con un ramillete de verónicas, rematado con una preciosa media. En el tercio de varas actuó Mario Benítez, aunque el puyazo cayó muy trasero. El toro entró mal al caballo y se intentó rectificar la colocación, pero el hierro volvió a caer en mal sitio. La actuación del tercio fue protestada por parte del público, con algunos pitidos desde el tendido.
Posteriormente, el zaragozano brindó el toro al público y comenzó la faena de muleta por bajo, rematando con dos pases de pecho de gran clasicismo. El toro mostró más clase por el pitón derecho, y el matador supo guardar perfectamente las distancias, logrando incluso una tanda de muletazos en redondo muy estimable.
El debutante manejó con acierto los tiempos de la faena, sin apenas errores. Por el pitón izquierdo repitió el mismo planteamiento. Sin embargo, Chaparrito fue yendo a menos en su forma de humillar y terminó rajándose, aunque todavía tenía algunas opciones.
Lejos de desistir, Aarón buscó una última tanda, incluso sorprendiendo al público cuando decidió sacar al toro de su terreno, donde se encontraba más cómodo. La apuesta dio resultado, mejorando momentáneamente las embestidas, aunque en una de ellas el matador sufrió un enganchón, sin consecuencias.
La faena, aunque breve, dejó detalles importantes. Aarón se perfiló finalmente en suerte natural, entrando a matar desde lejos. La estocada cayó algo trasera, aunque arriba, y terminó resultando certera, echándose el toro finalmente.
En tercer lugar, es el turno del sevillano Javier Zulueta de rosa pálido y oro, que afrontó su primera temporada como matador de toros. Además, asume la lidia de Farolillo, de capa cárdena oscura, que dio en la báscula 522 kilos y había nacido en octubre de 2021. Un toro más alto, con cierta semejanza a los de Joaquín Buendía de hace décadas por la colocación de sus pitones. A pesar de ser uno de los más pesados de la corrida, no estaba acochinado y presentaba un aire más ibarreño.
Zulueta lo saludó con la pierna por delante en la serie de verónicas y con una media en los medios. En el tercio de varas, Rafael Campos, de malva y oro, dejó un puyazo algo rasero, aunque el toro mostró un comportamiento excelente en el peto, empujando con entrega. Un solo puyazo fue suficiente.
El tercio de banderillas pasó sin especial relieve, quedando sin ovaciones para los hombres de la cuadrilla.
El sevillano también brindó al público, tercer brindis de la tarde, y recibió al toro con jeruflexiones de rodillas, iniciando la faena con decisión. Sin embargo, desde la primera tanda quedó patente el principal problema del animal: tenía buena condición pero carecía de potencia para sostener la faena. El toro pedía todo muy por abajo, y aunque el matador intentó alargar los muletazos, solo consiguió algunos sueltos, sin la continuidad necesaria para que la faena tomara vuelo.
A diferencia del toro anterior, Farolillo necesitaba un toque mucho más sutil para poder mantener el ritmo.
Llegado el momento de la suerte suprema, Zulueta se perfiló a suerte contraria. Entró a matar en corto, quedando un pinchazo muy perpendicular y con la espada algo delantera. Repitió la operación en un segundo intento y, finalmente, logró dejar una estocada desprendida pero letal.
El cuarto toro, segundo del lote de Ginés Marín, Bandolero, de capa cárdena clara, cinqueño, herrado con el guarismo del 1 y con 547 kilos de peso. Era el toro más abierto de pitones de la corrida hasta ese momento y también el más asaltillado de hechuras.
El recibo de capote de Ginés no resultó sencillo, pues el toro humillaba pero con la cara recta, lo que en el argot taurino se conoce como no hacer el avión.
El torero lo llevó hasta el caballo, donde Ignacio Rodríguez dejó un puyazo que provocó cierto desentendimiento del animal. En los avivadores, la cuadrilla de Ginés cumplió con solvencia, colocando los palos muy arriba, especialmente tras apretar el toro a Joselito Rus hasta el burladero.
A diferencia de su primera faena, Ginés comenzó esta con la montera puesta y sin brindar, al estilo antiguo. El toro empezó entonces a meter la cara con más franqueza, y el matador supo leer perfectamente los terrenos, concediendo al animal el tiempo de reposo necesario.
Gracias a ello, llegaron series muy acompasadas que, por primera vez en la tarde, alcanzaron con claridad a los tendidos. El toro, el de más clase de la corrida, recordaba en su manera de desplazarse a los toros mexicanos, andando más que galopando.
Fue el animal que más quiso y más aguantó hasta ese momento. Ginés estuvo especialmente sensacional al natural, aunque la repercusión en el tendido no fue todo lo grande que merecía. La faena fue de menos a más.
En la suerte suprema, el torero se perfiló a suerte natural, pero un pinchazo previo le hizo perder la posibilidad de las dos orejas. En el segundo intento dejó una estocada entera y efectiva, que permitió finalmente cortar un trofeo.
El quinto toro, de nombre Ropasuelta, de capa cárdena, 549 kilos y herrado con el guarismo del 2, correspondió la lidia a Aarón Palacio. Un toro largo y más abrochado de cara.
El torero lo recibió con una larga de rodillas, para después estirarse a la verónica, componiendo un recibo muy templado. En el tercio de varas, Pedro Geniz dejó un puyazo muy trasero, mientras el toro empujaba muy arriba.
Juan Sierra, fué el hombre de plata que destacó en el tercio de avivadores, ya que dejó dos pares muy medidos y clavados al milímetro.
De nuevo, Aarón brindó al público y comenzó la faena de muleta pegado a las tablas, con muletazos muy por arriba, lo que en cierta manera, contribuyó al quebramiento del toro. El animal se mostró distinto a los anteriores, con menos fuerza y menos clase.
A pesar de ello, el zaragozano intentó entenderse con él, aunque la embestida resultó seca y deslucida. En un momento de la faena, al no terminar de ganarle terreno al toro, el matador sufrió un fuerte volteretón, cayendo de forma muy fea sobre la espalda y rompiendo el vestido por detrás.
Sin embargo, mostró una gran entereza, levantándose sin mirarse siquiera y volviendo a la cara del toro. Finalmente logró imponerse dejando una estocada completa, algo tendida, a suerte natural. El toro escupió un cuarto de espada, pero la estocada resultó fulminante, doblando el animal tras el primer aviso. Hubo petición de oreja, que finalmente fue concedida.
Cerró la tarde el número 53, correspondiente a Javier Zulueta. Un toro de nombre Sembrador, también de capa cárdena, con 513 kilos y nacido en octubre de 2021, por lo tanto, herrado con el guarismo del 2. Un animal hecho cuesta arriba, con mayor desarrollo en el tercio delantero que en el trasero.
Desde los primeros lances mostró falta de fuerza, echando las manos por delante, aunque obedeció a las órdenes de Zulueta por ambos pitones.
En el tercio de varas, Pedro José Morales dejó un puyazo caído y largo, en el que el toro se empleó durante bastante tiempo en el peto. Al salir del castigo, perdió las manos, evidenciando aún más su debilidad.
En banderillas destacó Manuel Reyes, que colocó un gran primer par sin capotazo de ayuda, seguido de otros dos pares firmes y bien colocados.
Ya con la muleta, Zulueta se encontró con un toro muy flojo, aunque el sevillano no perdió la disposición. Intentó someterlo y darle forma a la faena, pero la sosería de sembrador impidió que aquello llegara a los tendidos.
El torero no tuvo fortuna con su lote en la tarde. Si el primero había mostrado algo más de clase, este último apenas ofreció opciones, aunque mantuvo cierta nobleza.
A la hora de la suerte suprema, el matador se perfiló a suerte contraria, pero la espada se resistió. Pinchó hasta cuatro veces, y fue al quinto intento cuando dejó una estocada resolutiva, que hizo doblar al toro.
Así concluyó la actuación del sevillano, que se marchó de vacío, condicionado tanto por la espada como por la escasa colaboración de su lote.