Desde el primer momento en que se anunció su participación, Rollón asumió el reto no solo como una alta responsabilidad profesional, sino como una cuenta pendiente a nivel personal. El torero reconoce abiertamente que el circuito ya suponía un hecho muy importante para él, principalmente porque representaba la oportunidad de que se me conociese como Sergio Rollón ganador del circuito por mi forma de torear y no por la cornada del año pasado. Para el novillero, esta era una oportunidad muy buena para cambiar esa historia y ese final del año pasado que me quitó un novillo, y admite que, personalmente, significaba mucho para mí, para quitarme esa espinita.
El camino hacia la gloria no ha estado exento de una dura batalla mental. Regresar al mismo certamen donde un año antes se habían truncado sus ilusiones despertó viejos fantasmas. Rollón confiesa con total honestidad que sabíamos que suponía un poco de incertidumbre y miedo volver al circuito. Aunque las plazas de esta edición fueran distintas a la del percance, el peso de la competición seguía siendo el mismo, y el espada asume que es verdad que no es la misma plaza pero sí que es el mismo circuito y hay pensamientos que se te vienen.
Por eso, cruzar la meta y proclamarse vencedor ha tenido un efecto catártico. Al ser capaz de alzarse como triunfador, el balance va mucho más allá del propio trofeo; para Sergio, el éxito ha servido para cerrar una etapa y olvidar la cornada… dejar atrás esos recuerdos y esos miedos que amenazaban con frenar su progresión.
El alivio y la recompensa al esfuerzo se sienten con fuerza en su entorno más íntimo. Tras haber compartido los tragos amargos de la enfermería y la dura recuperación, la alegría se ha desbordado entre los suyos. El novillero asegura con emoción que ahora la ilusión es enorme, tanto yo como mi familia y gente cercana.
Sin embargo, a pesar de la magnitud de lo conseguido en la Comunidad de Madrid, la madurez del torero le impide caer en la autocomplacencia. Con los pies muy asentados en la tierra, Sergio Rollón tiene claro que la conquista de este certamen es solo el primer escalón de una larga escalera. Con la mirada puesta en el futuro, el campeón concluye con una declaración de intenciones que avisa de su ambición: esto solo acaba de comenzar, todavía no hemos hecho nada importante. Ahora solo queda apretar y seguir tirando para adelante.